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Coincidimos para crecer 
/ 
Jorge Zarur

Coleccionar arte contemporáneo me ha enseñado que este oficio no se sostiene solo con obra, sino con las personas que gravitan a su alrededor. Con los años he coincidido con quienes miran el arte no como un objeto que se acumula, sino como una forma de entendernos en nuestro tiempo y de incorporar visiones ajenas que nos afinan el criterio. 

Hay un factor social en todo esto que crea sinergias reales para hacer crecer a cada quien, pero a su vez a los proyectos y ecosistemas diversos del país. Así, con cada escala de vida, queda la certeza de que estuvimos reunidos para bien.

 

Fátima González salió de la escuela de las grandes galerías de México, donde aprendió una parte del funcionamiento general del arte y sus diversos caminos colaborativos. Pero de toda esa experiencia se quedó con lo esencial: el rigor, el oficio, el ojo clínico. Con eso dio forma a Galería Campeche, un proyecto muy suyo, pensado desde su propia mirada para una nueva forma de coleccionar. Su propuesta se siente distinta desde el primer momento: precios de un arte joven con desarrollo y bien seleccionado, una cercanía real y un trato mucho más íntimo con cada persona que se acerca a la plataforma. La primera vez que la conocí, era ella misma la que te guiaba por cada pieza, contagiándote su entusiasmo sin prisa. En esa manera de caminar a tu lado se nota que no le mueve el mercado como primer incentivo, sino la convicción de desarrollar colecciones con sustancia y divulgar los puntos fuertes de su programa. Fátima no se limita a vender obra; acompaña, conversa y va intercambiando con quienes se acercan a mirar el arte de otra manera.

 

A Alex Masoomian lo conocí hace un par de años, compartiendo esa misma manía de mirar el arte como una forma de entender nuestro tiempo. Sin saberlo, ya nos unía el seguimiento a varios de los mismos creadores: artistas que trabajan con absoluta honestidad y convicción. De todas las maneras que hay de coleccionar, él eligió una de las más exigentes y gratificantes: ir paso a paso, sin la prisa del que compra por impulso, sino con la paciencia de quien teje un criterio propio. En sintonía con galerías que hacen bien su trabajo, selecciona con puntería, sabiendo resistir el ruido de la especulación para quedarse solo con lo que de verdad tiene peso y sustancia. Lejos de acumular por inercia o de seguir un checklist convencional, entiende que un acervo real es una narrativa en construcción; una forma de dejar constancia de un tiempo y de una sensibilidad compartida. A través de su cercanía con los espacios y los creadores, ha formado algo mucho más valioso que una serie de adquisiciones: un diálogo constante que respalda y potencia el trabajo de quienes arriesgan en el oficio para dar el siguiente paso artístico. Pertenece a esa nueva generación que colecciona con pausa, donde cada pieza afina y da sentido a todo lo que vino antes, preparando el terreno para lo que vendrá en el futuro.

 

Jou Morales es de Oaxaca y creció cerca del legado de los grandes maestros de su estado, en especial de Francisco Toledo. Esa herencia, unida a su sólida formación académica en la pintura, conformó una doble raíz de la que nació una inquietud muy clara: crear desde su estudio un lenguaje contemporáneo sustancial y con áreas de riesgo genuinas. Desde la descentralización, entendió que para construir había que sumar. De ahí surge Yope Project, el colectivo que fundó al lado de otros artistas para impulsar una voz joven que estaba ocurriendo fuera de la Ciudad de México. Al tratarse de un proyecto auténtico, sus integrantes pronto comenzaron a llamar la atención del circuito.

 

En el terreno de la pintura, que es el que más de cerca he seguido, se nota con absoluta claridad su progresión: un lenguaje que parte de la academia para cuestionarla sin renunciar jamás al rigor técnico, expandiendo los límites del caballete tradicional en su composición visual y matérica para así renovar las lecturas en torno al paisaje y las ficciones contemporáneas. Cada nueva serie muestra un avance firme, un movimiento constante entre la experimentación y la consolidación. Por eso hoy es uno de los pintores de su generación que tiene un recorrido sustentado y equilibrado. La trayectoria de Jou deja ver cómo una obra de verdad se va construyendo poco a poco, con paciencia y convicción.

 

Cuando estos perfiles se juntan, extienden sus resultados en auténtica sinergia. Es el escenario de una Fátima que hoy en día ha llevado su propuesta a ferias en Nueva York, Madrid o Brasil; de un Alex que participa en foros de coleccionismo, nutre otras posturas sobre el tema y consolida un acervo; o de un Jou que ha tenido la posibilidad de exponer en galerías relevantes de México y en ferias del extranjero, produciendo también fuera del país para enriquecer su diálogo. En conjunto, demuestran que estas sinergias son también una forma de resistencia; un esfuerzo colectivo que asegura la permanencia en un mundo del arte volátil que nada garantiza. 

Entrevistas

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Alex Masoomian

El coleccionista

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Jou Morales

El artista

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Fátima Gónzalez / Campeche

La galerista

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