




Del coleccionar como espacio que propicia conversaciones
Fernanda Ramos
Coleccionar arte es más que un simple intercambio transaccional; también significa incentivar la escena y así contribuir a la profesionalización artística.
Además, propicia encuentros entre galeristas —que en muchos casos actúan como asesores—, artistas e interesadxs en adquirir una pieza. Aunque pueda parecer una tarea sencilla, en realidad se asienta en relaciones vitales de confianza y respeto, más allá de lo económico.
Pequod Co., fundada en plena pandemia por María García Saenz y Mauricio Galguera, es un referente en el mercado del arte local. Este espacio marca el pulso de una generación de artistas que ha transitado de lo autogestivo y colectivo a la escena mainstream. Pequod nació como un lugar donde María y Mauricio no solo muestran arte, sino que también empujan la carrera de sus artistas hacia ferias, bienales e instituciones, pero lo hacen desde la intención de generar familia con ellxs. Así, coleccionar deja de quedar en manos de unos pocos para convertirse en una vivencia colectiva en permanente construcción en los que múltiples relaciones se ponen en juego.
En sintonía con el abogado y coleccionista Alfonso Castro, María y Mauricio creen en el valor de tejer relaciones más profundas en el mundo del arte. En esos encuentros están involucradas tanto la amistad como el acompañamiento de lxs artistas, así como el surgimiento de otras voces en el arte contemporáneo. Lxs coleccionistas en estos ambientes pasan de actuar como merxs compradorxs para convertirse en aliadxs que están constantemente atentxs a lo que sucede en el panorama local.
Esto lo experimentó Alfonso en su juventud, cuando su padre le regaló una pieza de Mathias Goeritz, y también más tarde, cuando decidió dejarse llevar menos por lo que “debería” comprar. La dinámica que trae consigo proviene de una historia más antigua: su tía abuela, Cordelia Urueta, era artista, y Margarita Urueta, su abuela, coleccionista. Ambas participaban en encuentros con creadores en los que el festejo y el calor de la conversación se convertían en el marco para el intercambio de obra.
Este modelo de la fiesta, que más tarde encontraría expresión en las ferias de arte, permite escapar de la seriedad económica para dar lugar a lo visceral. Dicho impulso vital resuena en una perspectiva que tiene María no solo sobre el coleccionismo sino lo que significa acercarse al arte: primero están las emociones, el encuentro genuino con la pieza —qué nos hace sentir, cómo nos habla— y, a partir de ahí, podemos ir dando cuenta en qué conversación más amplia se insertan.
Así, el coleccionismo de una parte de la escena mexicana deja atrás las reglas del mercado para dar lugar a una pulsión que proviene de la experiencia vivida. Abordar esta práctica, sobre todo en el caso de coleccionistas jóvenes, tiene que ver con una atracción hacia el arte. Pocas veces poseer una base económica sólida no es suficiente si no hay una cercanía con el circuito y, por tanto, crear vínculos de amistad es fundamental para construir una ruta compartida en ese proceso.
Entrevistas

Poncho Castro
El coleccionista

PequodCo
Galerista

Cristobal García
El Artista














