




La trenza del arte / Baby Solis
La historia de Salón Silicón, Sandra Blow y Virgilio Barrios está entrelazada. Muestra cómo en el arte todos los roles son igual de necesarios. No porque funcionen del mismo modo, sino porque cada uno introduce una condición que el otro no puede reemplazar.
Cuando Blow recuerda su llegada al MoMA, es decir, la adquisición de algunas de sus obras para la colección del museo, no la describe como un mérito individual, sino como un logro compartido con su galería, una institución que la inscribe en un circuito más amplio. Y cuando Olga Rodríguez —directora de Salón Silicón— habla del ambicioso booth que produjeron para la feria de arte Material, no lo narra como una hazaña aislada: menciona la colaboración concreta que hizo con Barrios como socio para producir el marco de una de las fotografías. Como podemos ver, aquí no hay origen, sino unión. En este circuito, la obra no nace de una sola persona: se sitúa en un contexto, entra en circulación, deja registro en una colección y continúa su propio recorrido. El arte como una trenza donde los hilos se cruzan para que una escena exista.
Esta escena se construye también desde visiones claras y motivaciones personales que empujan acciones. Blow es una fotógrafa con una intuición certera, que siempre supo que quería llegar al Museo de Arte Moderno de Nueva York y que desea trabajar con marcas de moda internacionales. Rodríguez cofundó una galería porque creía en abrir un espacio para artistas mujeres y de la comunidad LGBT+, porque notaba que eran más talentosas que sus contrapartes masculinas, pero tenían menos exposiciones. Barrios canaliza sus recursos hacia el arte porque ahí encuentra un campo de estímulo continuo, una forma de participación que lo sitúa frente a ideas ajenas, procesos, discusiones y modos de pensar que después se vuelven parte de su propio archivo de referencias. Estos deseos personales son el impulso que sostiene el movimiento.
Pero está haciendo falta un elemento en esta radiografía: Lote A. No como un agente que protagoniza, sino como el lente que articula las voces y las pone en relación. Al producir estas entrevistas, Lote A no solo recolecta testimonios sino que construye la posibilidad de leer el campo como un tejido en movimiento. Lo que aparece no es un conjunto de carreras individuales, sino un sistema de resonancias, que solo se vuelve visible cuando alguien se toma el trabajo de mapearlo e hilarlo.
En el arte, el circuito es el mensaje: lo que se mueve entre las obras y las personas importa tanto como las piezas mismas. Documentar no es un acto posterior, es el punto donde las relaciones se trenzan.
Entrevistas

Virgilio Barros
El Coleccionista

Olga Rodríguez
Salón Silicón
La Galerista

Sandra Blow
La Artista














